Es una de las frases que más ha estado presente en mi vida, y quizá es una de las que más ha forjado mi carácter, por suerte o desgracia, algún día lo sabré.

Todo empezó cuando era pequeña, tenía 5 años y fue cuando empezó mi frustración particular con el género masculino. En mi clase de preescolar había un niño, Sergio Soñora, que me gustaba mucho, pero a él le gustaban otras niñas, por lo que me tenía que aguantar con mi rabieta infantil.
La cuestión es que un día, la profesora que teníamos y que era un cielo (hasta ese momento), Carolina, le preguntó a Sergio que quién le había cortado un mechón de pelo, y ni corto ni perezoso me acusó a mi de haberlo hecho, por lo que me quedé a cuadros, la profesora me pegó unos cachetes, me riñó y me castigó cara a la pared en un rincón de clase. En ese momento me sentía tremendamente traicionada, no solo por ese niño, sino también por la profesora, a la cual la tenía mucho cariño y aprecio, porque pese a haber jurado y perjurado entre lágrimas no ser la autora de tal fechoría, no me creyó.
Cuando llegó mi madre a buscarme al mediodía, algunas niñas de mi clase, como por ejemplo Noelia Quintáns, la soltó el típico ¿Sabías que tu hija ha hecho tal y cual?, y mami me miró, la niña esta se fue, y la dije mi verdad, que no había hecho nada. En principio me creía, pero cuando también se lo dijo la profesora, dudaba un poco.
Lo gracioso es que a la semana siguiente, mi madre me lo volvió a preguntar y mi respuesta fue:
No lo he hecho, pero si quieres te digo que sí
El tiempo pasó y las aguas volvieron a su cauce, y mis sentimientos pasaron a encerrarse en lo más profundo de mi ser, por lo que de mis 5 años a los 13 ninguno de los chicos que me habían gustado en su momento lo han sabido, hasta que le tocó el turno a Alex Abelenda, un chico de Santiago al que había conocido un día de agosto del verano de mi transición de 13 a 14, y que me dejó loca, por lo que empecé a hacer locuras…
En cierto modo con este chico era una putada, porque al verle solo 1 mes al año… me obsesionaba tanto el intentar mantener una relación de amistad con él, para ver qué pasaría el verano siguiente, que quizá me pasé un poco, aunque todavía conservaba la cordura… Recuerdo los lagrimones de felicidad que me cayeron cuando (por fin) había conseguido llamarle para felicitarle el día de su cumpleaños. Fue raro, pero en ese momento me sentí en la gloria, capaz de todo, porque por norma general soy tímida (antes más que ahora).
El tiempo pasó, con sus más y sus menos, y agosto llegó, pero para mi sorpresa no todo era como anhelaba, todo era raro, y pasó a convertirse en mi peor pesadilla por aquel entonces.
Me empezó a hacer putadas, y a putearme, después con la ayuda de sus amigos estivales. Una amiga de Coruña que también estaba en el grupo me decía que pasase, que no hiciese caso, pero la cosa no quedó ahí, siguió avanzando, me lo guardaba todo, y llegado un punto reventé, y me tiré unas 3 horas llorando a moco tendido. ¿Por qué?, el chico que me gustaba era un grandísimo hijo de puta, y la que se supone que era una de mis mejores amigas, se unió con él y los otros del grupo para seguir puteándome…
Ese verano se fue, y al siguiente, cuando uno de los que había colaborado para hundirme se puso a cantar una canción que se habían inventado para mi puteamiento, Alejandro le dijo que parase, y me quedé un poco… alucinada, por lo que unos días después le pregunté por qué lo había hecho y me dijo algo en plan que hay cosas que no hacen gracia, pero, a mi entender, con un tono de “perdona por lo que te hemos hecho“. Y no, no le he guardado rencor en ningún momento, ¿para qué?
Pese a que estos dos “niños” hayan sido los que más me han marcado, hay otros casos, como por ejemplo el de el que en un momento dado había llegado a ser un gran amigo para mi, Rodrigo Eiras, más conocido como el hermano que nunca he tenido.
Rodri era muy majete y bueno, se estaba muy bien con él y siempre había algún tema de conversación. Mis sentimientos hacia él eran de afecto, me gustaba también, pero como amigo, aunque llegó un punto en el que pensaba que me gustaba como algo más, pero fue una simple paja mental. La cuestión es que empezó a cambiar, ya dejó de ser el chico que era, no sé si por las compañías o por qué, pero me dolía ver cómo poco a poco nos íbamos distanciando, apenas hablábamos en clase, excepto para el típico Adri, déjame los ejercicios de tal, o los apuntes de cual…
De tener a 2 buenos amigos (Cristinita y Rodri) e la misma clase, pasé a no tener ninguno de un año para otro. Lo de Cris era inevitable, su padre es profesor y había pedido plaza en el colegio de Ferrol, que en realidad son de la zona “norte” de la provincia, y se habían ido a Boiro porque eran donde le habían dado la plaza definitiva hacía unos cuantos años al padre. Pero lo de Rodri… nunca lo entenderé, la verdad, ya que pese a vernos algún fin de semana por la calle, no era lo mismo.
Sé que las personas cambian, pero cambios radicales tan rápidos, y de ser un chico encantador se convirtiese en el típico cabroncete… En fin, supongo que habría sido por la edad del pavo.
Y creo que esto es todo por hoy, y hasta dentro de unos cuantos años, quizá cuando hable de las trágicas historias de los 15 en adelante.
Un pin para quien se lo lea entero.
Imagen: WolfSoul
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